Misal

Domingo 12 de julio de 2020.

 

Antífona de Entrada
Por serte fiel, yo contemplaré tu rostro, Señor, y al despertar, espero saciarme de gloria.
Se dice Gloria.

Oración Colecta
Oremos:
Señor Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados para que puedan volver al buen camino, concede a cuantos se profesan como cristianos rechazar lo que sea contrario al nombre que llevan y cumplir lo que ese nombre significa.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

 

Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías (55, 10-11)
Esto dice el Señor: “Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirásu misión”.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial Salmo 64
Señor, danos siempre de tu agua.

Señor, tú cuidas de la tierra,
la riegas y la colmas de riqueza.
Las nubes del Señor
van por los campos,
rebosantes de agua,
como acequias.
Señor, danos siempre de tu agua.

Tú preparas las tierras
para el trigo:
riegas los surcos,
aplanas los terrenos,
reblandeces el suelo con la lluvia,
bendices los renuevos.
Señor, danos siempre de tu agua.

Tú coronas el año
con tus bienes,
tus senderos
derraman abundancia,
están verdes los pastos
del desierto,
las colinas con flores adornadas.
Señor, danos siempre de tu agua.

Los prados se visten
de rebaños,
de trigales los valles
se engalanan.
Todo aclama al Señor.
Todo le canta.
Señor, danos siempre de tu agua.

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los romanos (8, 18-23)
Hermanos: Considero que los sufrimientos de esta vida no se pueden comparar con la gloria que un día se manifestará en nosotros; porque toda la creación espera, con seguridad e impaciencia, la revelación de esa gloria de los hijos de Dios. La creación está ahora sometida al desorden, no por su querer, sino por voluntad de aquel que la sometió. Pero dándole al mismo tiempo esta esperanza: que también ella misma va a ser liberada de la esclavitud de la corrupción, para compartir la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos, en efecto, que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto; y no sólo ella, sino también nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, anhelando que se realice plenamente nuestra condición de hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo; todo aquel que lo encuentra vivirá para siempre.
Aleluya.

Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (13, 1-23)
Gloria a ti, Señor.

Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió  en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo: “Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga”. Después se le acercaron sus discípulos y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas?” El les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos, pero a ellos no. Al que tiene, se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve. Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron. Escuchen, pues, ustedes lo que significa la parábola del sembrador. A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino. Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe. Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y queda sin fruto. En cambio, lo sembrado en tierra buena representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Se dice Credo.

Oración de los Fieles

Celebrante: Con el deseo de trabajar por la transformación de nuestro mundo mientras aguardamos la hora de ser los hijos de Dios y la redención de nuestro cuerpo, oremos con confianza diciendo: Bendice a tu pueblo, Señor.

Para que la Iglesia prepare el corazón de los hombres del tercer milenio para acoger la Palabra de Dios. Oremos. Bendice a tu pueblo, Señor.

Para que nuestros Pastores sean celosos en la predicación, pacientes en la espera y misericordiosos en la acogida. Oremos. Bendice a tu pueblo, Señor.

Para que la gracia y la vida que nos trajo Jesús haga germinar la paz en el mundo y la conversión en los corazones. Oremos. Bendice a tu pueblo, Señor.

Para que los enfermos y agonizantes experimenten el consuelo y la fuerza de Dios, que se manifiesta en su debilidad. Oremos. Bendice a tu pueblo, Señor.

Para que el Espíritu de Dios fecunde el trabajo de los misioneros, y para que ellos cuiden de su pueblo con espíritu evangélico. Oremos. Bendice a tu pueblo, Señor.

Para que viviendo como hijos de Dios contagiemos nuestra fe, vivida con ilusión y compromiso. Oremos. Bendice a tu pueblo, Señor.

Celebrante: Mientras aguardamos la gloria que un día se nos manifestará, te pedimos, Padre, que acojas las oraciones que te dirige tu pueblo en nombre de Jesucristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Oración sobre las Ofrendas

Mira, Señor, los dones de tu Iglesia suplicante, y concede que, al recibirlos, sirvan a tus fieles para crecer en santidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Antífona de la Comunión

El gorrión ha encontrado una casa, y la golondrina un nido donde poner sus polluelos: junto a tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío. Dichosos los que viven en tu casa y pueden alabarte siempre.

Oración después de la Comunión

Oremos: Alimentados con los dones que hemos recibido, te suplicamos, Señor, que, participando frecuentemente de este sacramento, crezcan los efectos de nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.